Tras una intensa mañana de enredos, decidió darse una larga y reconfortante ducha antes de poner la mesa y degustar el resultado de su desempeño como cocinilla.

Entró en la cocina con cierta pereza y se dispuso a saborear una tarta de verduras que era en realidad una sorpresa… nunca la hacía igual. Mientras disfrutaba del sabor del entremezclado con su variado de verduras, pensó que aquello que decía el bueno de Forrest Gump –la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar-, podía aplicarse también a su tarta de verduras… la vida resultaba menos… tentadora.

Pero cuanto más lo pensaba más claro lo veía, la vida es contrastes de sabor, de texturas, a veces crujiente y otras esponjosa o incluso casi líquida, a veces verde y otras roja, blanca o amarilla… y lo mejor, siempre una sorpresa, porque cuando te llevas a la boca un trozo de tarta de verduras, nunca sabes lo que te va a tocar.

Pensó que su tarde de martes sería tan sabrosa como la tarta de verduras, una sorpresa deliciosa, y entonces se dio cuenta de que efectivamente la vida era más como su tarta de verduras que como una caja de bombones y lo era por una razón sencilla y evidente de la que acababa de darse cuenta… la vida la cocinas tú, tú eliges los ingredientes y tú haces el pastel…

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